jueves, 10 de julio de 2014

Crónica ViP XTREM

Esta es una de aquellas crónicas que nunca apetece escribir y supongo que todo el mundo sabe a lo que me refiero. Cuando ocurren tragedias como la que vivimos el sábado, el resto de cosas que a veces nos parecen un mundo pasan a un segundo o incluso a un tercer plano y nos hacen ver la vida de otra manera. Supongo que todos los participantes de la Vipxtrem nos plantamos el sábado a primera hora de la mañana en la línea de salida con ilusión y con ganas de pasarlo bien (aunque todos sabíamos que tocaría sufrir un poco porque la carrera invitaba a ello), de disfrutar del deporte, de la bici y de la montaña y nadie contaba con un final tan desagradable. El caso es que el destino esta vez volvió a cebarse con un deportista de Valls que participaba en la carrera y que perdió la vida en ella a pesar de estar muy bien preparado. Una auténtica lástima, la verdad. Cuando vas a carreras así es en lo último que piensas aunque por desgracia, esto se está convirtiendo en algo demasiado habitual y parece que nadie está a salvo. Sea como sea, ahora lo único que se puede hacer es lamentar su pérdida y mandar todo el ánimo posible a familiares y amigos, aunque por desgracia eso ya no sirva para nada y seguramente ni les consolará. Desde aquí, sólo puedo decir que aunque no te conociera personalmente (sí teníamos algún conocido y amigo en común) siento mucho tu marcha. Hasta siempre, Jordi. El resto de cosas relacionadas con la cerrar realmente importan poco, pero quiero escribirlas como intento hacer siempre.  

El sábado, a pesar de haber madrugado mucho (me levanté antes de las cinco), llegué a Vimbodí un poco justo de tiempo y entre aparcar, recoger el dorsal y prepararme todo el material necesario para la carrera, hasta cinco minutos antes de las siete no me coloqué en la salida. A esa hora, ya estaba todo el mundo en su sitio y me tocó salir desde atrás de todo, aunque eso, teniendo en cuenta las características de la carrera, era lo de menos. Tarde o temprano todo el mundo encontraría su sitio. Una vez allí, vi a Pau, un compañero del club, nos saludamos, hablamos unos minutos y a las siete dio comienzo esta especie de aventura que es la Vipxtrem. Los primeros kilómetros fueron tranquilos por el pueblo y alrededores pero a partir del sexto kilómetro empezamos la primera subida. Duró hasta prácticamente el kilómetro 14 y me sentí bastante bien. Ahí ya empecé a ganar unas cuantas posiciones que, extrañamente, apenas perdí bajando. La primera bajada, de unos seis kilómetros, tuvo unas cuantas curvas cerradas y muchas ramas y hierba pero la defendí bastante bien y no tuve ningún susto. De ese tramo me acordaba bastante bien de mi primera participación y no guardaba un buen recuerdo, ya que pinché por esa zona. Primeros 20 kilómetros hechos sin sobresaltos y ya tocaba encarar la segunda subida del día, bastante similar a la primera, aunque quizás un poco más larga. Físicamente me sentía bien, no lo fresco que me hubiera gustado pero en general iba cómodo. Procuré beber mucho e ir comiendo algo cada hora. En los primeros avituallamientos opté por no parar y usar mis barritas y no me fue mal. Era otra opción para adelantar a bastantes participantes. Así, sin darme cuenta, llegamos a Vilanova de Prades (si no recuerdo mal, por el kilómetro 35 más o menos) y pasamos el primer control. Sobre mi situación en carrera no tenía ni idea ni, sinceramente, me importaba. Quedaba un mundo y podían pasar mil cosas todavía. Unos kilómetros más allá de ese primer control, y rodando ya en solitario, vi a lo lejos a un ciclista en el suelo que estaba siendo atendido por otro participante. Al pasar por su lado, al verle con los ojos abiertos, no le di más importancia y pensé que se debía tratar de una simple caída, para nada me hubiera imaginado que acabaría así. Ahora pienso que quizás debería haber parado y ofrecerme para lo que hubiera hecho falta, aunque seguramente no hubiera servido de nada.

En esos momentos ya estábamos subiendo en dirección al Tossal de la Baltassana, en Prades. Era el punto más alto de la carrera (a casi 1.200 msnm) y aunque la subida no fue excesivamente larga, las cuestas fueron muy duras. Bajando tuve un par de percances. El primero fue pisando una zona donde había mucha arena que hizo que me patinara la rueda de alante y me fui al suelo con la mala suerte que venía otro ciclista por detrás y me llegó a dar un pequeño golpe en el casco con su rueda, aunque por suerte no pasó gran cosa, sólo unas pequeñas rascadas en la pierna y la cadera. Más tarde, por la trialera que nos llevaba a La Febró, después de un par de sustos decidí bajar tranquilo para no tener que lamentar nada más grave. En algún momento el reloj se me paró y puede que hiciera un par de kilómetros sin él, no lo recuerdo exactamente. El tramo entre La Febró y Mont-ral me resultó muy cómodo. Buena pista y un tramo de asfalto hasta llegar al pueblo donde había un nuevo control. No paré a comer aunque sí que rellené un bidón con agua y comí algo de fruta (sandía y plátano). Probablemente era el momento en el que mejor me sentía físicamente y no quería desaprovecharlo perdiendo tiempo para comer. Además, tenía aún provisiones de sobra en mi mochila por si lo necesitaba. Así que, tras esa breve parada, vuelta a la bici. Sabía que lo que me esperaba ahora no era fácil, ya que tocaba encarar quizás la subida más complicada de toda la carrera, La Bartra, que empezaba tras un buen tramo de asfalto pasado Farena. A esas alturas iba prácticamente solo, tanto, que a veces dudé si estaba yendo bien o no. El rato que duró la carretera me lo pregunté varias veces, aunque no tuve que lamentarme, fui por el camino correcto. Poco después, dejamos la carretera y empezamos el camino de subida que nos llevaba a La Bartra y al avituallamiento del kilómetro 91. Yo seguía fuerte. Me encontraba bien a pesar de las más de seis horas de carrera que llevaba. De alguna manera, ya estaba viendo el final y empezaba a hacer mis cálculos. Lo de bajar de ocho horas sabía que no lo conseguiría, aunque realmente tampoco era ese el objetivo, pero las 8h30' sabía que eran más que asequibles. Al terminar esa subida sólo me faltarían dos tramos de bajada (por pista) y una subida (La Pena, que me encanta), con lo que serían unos kilómetros relativamente rápidos. A todo esto, decir que no recordaba de la otra edición que hice que la subida a La Bartra fuera ni tan dura, ni tan larga, seguramente porque aquella vez me tomé la carrera de otra forma. A pesar de eso, alcancé a varios ciclistas durante la subida y poco después la coroné. Por fin! Una vez arriba, enseguida vi el avituallamiento y a Òscar, que esta vez estuvo en la organización como voluntario, haciendo gestos de que parara. Al principio no le entendía pero al llegar a su lado me dijo que la organización había decidido suspender la carrera por el fallecimiento de un ciclista. Me quedé de piedra y enseguida me vino a la cabeza la imagen del chico al que estaban atendiendo. No me lo quería creer. Una vez más, lo que tenía que ser una fiesta se convertía en lo que nadie espera nunca. Sobre la decisión de la organización, nada que objetar. Simplemente respetarla y entender que está más que justificada. Por supuesto, hay cosas más importantes que terminar una carrera y ante una noticia así, en un evento tan "familiar", por llamarlo de alguna manera, no creo que nadie estuviera para muchas fiestas.

La vuelta a meta fue en grupos y por el camino más rápido. La noticia no dejó indiferente a nadie y durante el rato que estuvimos pedaleando apenas se escuchó una voz. Cuando llegamos a Vimbodí nos entregaron la medalla y la pegatina de finisher para la bici aunque eso no produjo ni la felicidad ni la satisfacción de otras veces. Como es lógico, el ambiente no era festivo así que esperé a que llegara Arancha (aún no había llegado aún porque en teoría yo tendría que haber tardado un poco más en terminar) y después comí algo. 

Pues así es como terminó la 5ª edición de la Vipxtrem, con unas sensaciones muy extrañas y bastante tristes. Aunque no tenga demasiada importancia, por lo menos terminé contento con mi rendimiento sobre la bici y con el que, más que probablemente, hubiera sido mi tiempo final, cercano a las 8h30', lo que me hubiera servido para quedar entre los 40 o 50 primeros clasificados, más o menos. Hubiera sido un muy buen resultado teniendo en cuenta los más de 500 inscritos que éramos.

Para terminar, os dejo varias fotos hechas por Santi, el fotógrafo oficial de la carrera que cada año hace una gran cantidad de fotos y las cuelga en su web de forma desinteresada, y los resultados del Garmin. Al final salieron unos 20 kilómetros menos de carrera.








 

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