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lunes, 2 de enero de 2017

Crónica de la Mitja de Salou

Después de casi dos meses desde que corriera la Mitja de Salou, hoy me voy a dignar a escribir la crónica. Nunca me había pasado esto de escribirla tanto tiempo después, pero como siempre os digo voy muy justo de tiempo y sacar algún rato para escribir me cuesta horrores. Pero bueno, ahora que ya estamos aquí, vamos a explicar un poco como fue esa primera Mitja de la temporada.

Como ya sabéis, el día antes había participado en la carrera corta del Ultra Trail Tarragona, de algo más de 12 kilómetros, y en la Mitja de Salou iba a debutar como liebre o pacer (que suena más cool) oficial. El objetivo era correr en 1h30’, un tiempo asequible pero que arrastrando algo de cansancio del día anterior (y agujetas, porque el Trail siempre pasa algo de factura en ese tema) no me iba a resultar tan fácil. Lo supe desde el primer momento, sabía que no iba a correr cómodo ni sobrado a ese ritmo y que las piernas iban a ir protestando casi toda la carrera. Por suerte, y para evitarme algo de presión, yo no iba a ser la única liebre de ese tiempo e iba a contar con la ayuda de otro corredor. Eso me ayudó a encarar la carrera de otra forma.  

Pero aparte de ese otro corredor que tenía encomendada la misma función que yo, también iba a estar arropado por mis amigos. David, Kyny, Joanra y Raúl en principio iban a salir con la idea de terminar en un tiempo cercano a la hora y media.

Poco antes de la salida, foto con todas las liebres oficiales y a colocarnos en nuestros puestos. No éramos muchísimos, pero teniendo en cuenta que además del medio maratón se corrían los 10k, intentamos no salir desde muy atrás para coger el ritmo adecuado desde el principio y no tener que ir dando tirones nada más empezar. La salida fue bien, sin complicaciones, y enseguida cogimos nuestro ritmo de 4’15”/km. Mis primeras sensaciones fueron muy contradictorias, piernas cargadas, agujetas en los cuádriceps y cierto dolor en cada paso que daba pero, por el contrario, muy relajado en cuanto al cardio, corriendo con unas pulsaciones bajas y muy desahogado.

Si por algo de caracteriza esta Mitja es por sus dos subidas al Cap Salou, un tramo con bastante desnivel y donde es casi imposible mantener un ritmo constante. Durante la primera vuelta fuimos conservadores, la idea era la de no desgastar en exceso ni antes de tiempo al grupo, y quizás nos relajamos algo más de lo debido. Tras los primeros kilómetros bastante llanos y la primera subida al Cap Salou, pasamos el diez mil en casi 43 minutos, algo por encima de lo esperado. Íbamos un poco más lentos de lo que debíamos y tocaría hacer una segunda vuelta algo más rápida para cumplir con nuestro propósito de bajar de la hora y media.

Dicho y hecho. Ya desde nuestro paso por el Paseo Jaume I empezamos a subir el ritmo unos pocos segundos por kilómetro. El grupo que nos seguía cada vez era menos numeroso y se acabó de romper en la segunda subida al Cap. Además de la dura subida, en aquella zona soplaba un viento lateral muy incómodo que dificultó bastante las cosas. Finalmente, y si no recuerdo mal, tras superar esa segunda subida y encarar los últimos tres o cuatro kilómetros de carrera, nos quedamos las dos liebres con dos corredores más junto con Kyny y David. Raúl y Joanra se habían descolgado un poco aunque nos seguían de cerca.

En el tramo de bajada que venía a continuación volvimos a subir el ritmo. Habíamos recuperado algo de tiempo respecto a la primera vuelta pero las cuentas salían muy justas, así que tocaba hacer un último esfuerzo. El ritmo en esos kilómetros estuvo alrededor de 4’10”- 4’07”/km pero de vuelta en el Paseo nos quedamos solos corriendo con Kyny y David. No teníamos a ningún corredor al lado nuestro así que, haciendo cálculos, bajamos el ritmo e intentamos reenganchar a algún corredor que venía por detrás. Kyny y David siguieron adelante y nuestra idea no tuvo demasiado éxito. Los corredores que venían cerca de nosotros y a los que intentamos animar para que nos siguieran no pudieron mantener el ritmo y nos volvimos a quedar solos pocos metros más adelante.

Faltaban ya sólo dos kilómetros para terminar y había que recorrer el último tramo con ligera subida. No tenía nada que ver con los tramos del Cap pero son unos metros en los que si llegas algo justo de fuerzas el ritmo se resiente mucho. En lo que respecta a mí, seguía con esas sensaciones algo contradictorias. Muy bien de pulsaciones pero con las piernas doloridas y cada vez más cansadas, por lo que estaba deseando terminar. Mirando el Garmin, y a diferencia de otros años (en los que siempre marcaba de menos), todo hacía indicar que saldrían algunos metros de más, así que en los últimos metros volvimos a aumentar el ritmo para, por lo menos, cumplir con lo nuestro (aunque nadie nos acompañara ya). Kyny había aflojado y tuvo el detalle de entrar con nosotros en meta. No fue la llegada soñada ya que me quedé con la sensación de no haber sido de mucha ayuda a los demás corredores que tenían el objetivo de bajar de la hora y media, pero es verdad que nosotros cumplimos con lo que debíamos y marcamos un tiempo final de 1h29’57” (oficial) y 1h29’44” (tiempo real). Aquí podéis ver la clasificación.

Pues hasta aquí lo que dio de sí mi experiencia como liebre oficial en una carrera. Me pareció bonito aunque es verdad que quizás en una carrera con menos de 300 corredores y que encima tiene algo de desnivel (lo que siempre se cobra sus víctimas) podía pasar. Al menos me queda la buena conciencia de haber corrido dentro de lo esperado. A la próxima, que será en el Maratón de Tarragona del día 22 de enero de 2017, espero ser de más ayuda a todos aquellos corredores que queráis bajar de tres horas y media. Allí os espero!

Para terminar, como siempre, os dejo alguna foto con la bandera de pacer a la espalda y los datos del Garmin.

 



martes, 22 de noviembre de 2016

Crónica Ultra Trail Tarragona (12 km)

El pasado sábado 5 de noviembre arranqué un fin de semana apretado (en cuanto a carreras se refiere) participando en el Ultra Trail Tarragona, en su opción más corta de algo más de 12 kilómetros. Teniendo el compromiso al día siguiente de ser liebre de 1h30’ en la Mitja de Salou, iba mentalizado de no apretar más de lo debido y, sobre todo, de no jugármela en ningún momento. Realmente decidí correr esta carrera porque guardaba un buen recuerdo del año pasado, porque me pilla al lado de casa (la salida se encontraba a unos 300 metros de la puerta de casa) y porque consideré que cualquier excusa era buena para ir acumulando kilómetros de carrera a pie a estas alturas de temporada.

La mañana de la carrera me levanté tranquilamente, desayuné y sobre las nueve había quedado con Xavi para ir caminando a la salida. Poco antes de empezar nos encontramos con Cesca y Carles. Apenas calentamos un par de minutos y a continuación nos fuimos a la línea de salida. No éramos muchos corredores entre las dos distancias que salían a esa hora (12 y 21 km), ya que los corredores de las distancias de 42 y 73 km habían salido a las nueve, así que pudimos colocarnos bastante adelantados sin problemas. El día había amanecido muy tapado tras una noche de lluvia y todo hacía indicar que en algún momento u otro nos tocaría mojarnos. Por suerte no hacía frío.

A las 9:45 dieron la salida y, para mi sorpresa, me coloqué en el grupo delantero formado por ocho o nueve corredores. Salí más fuerte de lo que preveía pero siempre con la idea clara de no forzar. Salimos de Tarragona por la parte antigua, cruzamos el campo de Marte y a partir de ahí empezó el auténtico trail. En aquellos momentos empezó a caer una fina lluvia. No duró mucho y no fue molesta, pero el daño ya estaba hecho por lo que había caído unas horas antes. El terreno, sin estar demasiado pesado, estaba mojado y cuando pasábamos por zonas de piedras sueltas había que tener bastante cuidado. Enseguida perdí referencias. El grupo con el que empecé se separó muy pronto y no sabía cuantos tenía delante, ni mucho menos cuales de ellos eran lo que hacían la carrera “corta”. Así que, llegados a este punto, decidí tomarme la carrera como me la había imaginado desde el principio, con tranquilidad, disfrutando de los sitios por donde pasamos, sin agobios y con mucho cuidado de no hacerme daño. En general el recorrido no contaba con zonas exageradamente técnicas ni complicadas, pero en momentos puntuales hubo que extremar las precauciones y hasta trepar. Lo dicho, diversión en estado puro. Los puntos más complicados y con más zonas de “sube-baja” estuvieron concentrados entre los kilómetros 3 y 5 y poco después llegamos al Santuario del Loreto (el punto más alto del recorrido). Durante esos kilómetros fui acompañado por dos corredores más que hacían los 21 km. Llevábamos un ritmo decente y teníamos a algún corredor delante bastante cerca.

Superado ese tramo de sube baja, llegamos a un tramo de pista donde se podía rodar muy bien y en ese momento aumenté el ritmo y me fui solo. Iba muy cómodo y sabía que tanto el avituallamiento como el punto de giro estaba muy cerca, así que tocaba estar atento para no equivocarme de ruta. Antes de dar la vuelta, en un punto de control estaba Óscar. Le saludé y poco después encontré el avituallamiento. No paré, iba lo suficientemente bien para aguantar sin tomar nada hasta el final. Ahí creo que gané alguna posición, no sabría decir cuantas porque no me dio tiempo de fijarme en los dorsales de los corredores, pero me vino bien. En ese punto di el giro de 180º y a continuación había que hacer un tramo de vuelta por donde habíamos venido. No fueron muchos metros y justo cuando volví a pasar por el lado de Óscar se separaban otra vez los caminos y volvíamos a Tarragona por un sitio diferente. Me cantó que iba cuarto de mi carrera y que no tenía al tercero muy lejos. Eso no cambió mucho mi planteamiento pero es verdad que el recorrido empezó a ser más favorable para poder correr a un ritmo mayor. Mi única “auténtica” preocupación de ahí hasta el final fue no desviarme del recorrido. Hice más de cinco kilómetros en la más absoluta soledad pero creo que no dudé en ningún momento. La señalización estaba más que correcta y no tuve ningún problema para poder seguirla.

Del supuesto tercer clasificado ni rastro. Durante esos kilómetros en solitario no le vi en ningún momento por lo que no tuve la tentación de apretar ni de exigirme un punto más. Por detrás, tampoco me vi amenazado en ningún momento, así que de ahí al final seguí disfrutando al máximo. Llegué a Tarragona por el mismo sitio por donde la habíamos dejado, volví a atravesar el campo de Marte y tras un breve paso por la parte alta, llegué a la plaza del Ayuntamiento donde se encontraba la meta. Allí estaban Iker, Arancha y los padres de Xavi con Laia. Iba con la idea de que entraría a meta siendo el cuarto clasificado, pero enseguida me dieron la buena noticia de que había terminado tercero. La verdad es que no lo esperaba porque desde que había visto a Óscar daba por hecho que iría cuarto, pero como se suele decir, a nadie le amarga un dulce, así que me hizo bastante ilusión ese podio. Finalicé la prueba en un tiempo de 1h11’18” (resultados) y con la sensación de haber hecho una carrera inteligente, sin desgastarme más de la cuenta pensando en el día siguiente y sin jugármela en los tramos complicados, así que, carrera redonda. Por su parte, Carles fue octavo (1h17’06”), Xavi decimoséptimo (1h30’22”) y Cesca sexta clasificada femenina (1h34’13”).

Pues sobre esta carrera, poco más que decir. Os dejo las fotos y los detalles del Garmin (parece que se vuelven a poder compartir, por fin!!!). En breve espero poder escribir la crónica de la Mitja de Salou. Hasta pronto!!!



lunes, 7 de noviembre de 2016

Crónica 10K de Reus

El pasado 23 de octubre, con sólo dos semanas de entrenamiento de la nueva temporada, me colgué mi primer dorsal. La carrera elegida fueron los 10K de Reus, que se celebraban a la par que el medio maratón y la carrera de 5 K. Elegí esa distancia porque consideré que aún no llevaba suficientes kilómetros en las piernas para hacer medio bien los 21 k, así que pensé que con diez tendría más que suficiente. La idea no era ir a forzar, ya os lo comenté, daba por bueno correr algo por debajo de 4'/km y rondar los 40' finales, pero bueno, ya sabéis, es ponerse el dorsal y los plantes previstos se olvidan enseguida.

Y eso es lo que pasó. Tras un breve calentamiento con Joanra y Kyny, que también iban a hacer los 10k, me coloqué prácticamente en primera línea de salida. Eso en cierto modo obliga a salir fuerte, sobre todo para no estorbar a los más rápidos, así que ya empecé con la idea de apretar, al menos, en los primeros metros.

A las nueve y media en punto se dio la salida conjunta de las tres carreras y empezamos a correr. A pesar de ser en ligera subida, el primer kilómetro salió muy rápido (en 3'32") pero mis sensaciones no erande agobio. Iba relativamente cómodo aunque sabía que no podría mantener ese ritmo durante toda la carrera. Despúes de una larga recta, giramos y todo lo que habíamos subido lo bajamos. Sin darme cuenta y dejándome llevar por el recorrido favorable, pasé el segundo kilómetro algo más rápido que el primero, a 3'22". 

A partir de ahí el recorrido se empezó a equilibrar y los desniveles empezaron a ser más ligeros, aunque en cada uno había algo de ligera subida o bajada. Esos dos primeros kilómetros los hice en un grupo de diez o doce personas, pero poco a poco la cosa se fue rompiendo tanto por delante como por detrás. Algunos se escaparon y otros se fueron quedando atrás. Yo aguanté en el grupo del medio con tres o cuatro corredores más que nos fuimos estabilizando a un ritmo cercano a los 3'45"/km. El ímpetu de los primeros kilómetros ya había pasado y tocaba volver a la realidad y no cometer (más) locuras. Sinceramente, consideré un milagro poder mantener esos ritmos. La realidad era que no estaba para esas alegrías y quizás hubiera sido más inteligente tomarme la carrera más tranquilo, pero ya estaba metido allí y no quería aflojar. Haberlo hecho hubiera sido lo fácil. Tenía mil y un motivos para no ir a tope en esa primera carrera de la temporada, pero me quise mantener en esos ritmos altos y forzar un poco el cuerpo. 

Y el cuerpo respondió bien. Como os digo, a ritmo de 3'45"-3'50"/km me sentí medio cómodo y en ese terreno me moví hasta el último kilómetro. Se me hizo bastante pesado el recorrido. Si os digo la verdad, ahora mismo (y si no fuera por el Garmin) no sabría deciros por donde pasamos, si dimos una vuelta o varias a alguna manzana... Pero se me hizo muy aburrido y muy duro. Creo que en la ciudad de Reus se podrían hacer recorridos bastante más bonitos que el de esta carrera.

Cuando comencé a ver la luz al final del túnel y pasé por el kilómetro nueve, decidí apretar y dar lo poco que me quedaba. Iba ya justito de fuerzas pero tuve las suficientes para aumentar el ritmo y ponerme a correr por debajo de 3'30"/km en un kilómetro con más de diez metros de desnivel positivo. Aguanté bien hasta el final y hasta me permití el lujo de entrar al sprint, parando el crono en un tiempo final de 37'12" (resultados). Al final terminé 14º de la general y 3º de mi categoría en una carrera sufrida y donde apreté más de lo que quizás debía. 

La parte positiva de todo esto es que si a principios de temporada, sin apenas kilómetros en las piernas y nada de calidad, soy capaz de correr a estos ritmos, seguramente más adelante podré aspirar a algo más. Veremos como evoluciona todo.

Poco más que contar. Joanra y Kyny terminaron en 41'12" y Alba, que corrió los 5 km, paró el crono en 26'54". Carles, por su parte, se marcó otro carrerón (no sé cuantos van) y quedó el tercero en los 5 km. Enhorabuena!!! Y por supuesto, no menos importante fue el apoyo de Xavi y Laia, que vinieron a vernos y nos hicieron un montón de fotos. Muchas gracias!!!

Hasta aquí la crónica de los 10K de Reus. Os dejo los datos de la carrera aquí y a continuación unas cuantas fotos. Hasta la próxima!




viernes, 14 de octubre de 2016

Crónica VI Sailfish Half Triatló Berga

Dice Sabina en una canción que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. No sé exactamente si lo dice por el temor de volver a ese sitio con grandes expectativas y que nada sea lo mismo, pero me imagino que van por ahí los tiros. La primera vez que fui a Berga, un ya lejano 25 de septiembre de 2011, me sentí feliz como pocas veces y a pesar de ello (y llevándole la contraria a Sabina) he sido “valiente” y me la he jugado volviendo hasta en tres ocasiones más, consciente de que sería difícil volver a experimentar aquellas emociones pero volviéndome para casa con la duda de cual ha sido la vez que más he disfrutado y más feliz he sido.

Este año, como decía, volvía a Berga para competir, por cuarta vez, en el Sailfish Half Triatló con la idea de disfrutar una vez más de un triatlón de 10 y de quemar los últimos cartuchos que me quedaban a esas alturas de temporada. Con esta competición iba a cerrar mi temporada de triatlón y quería hacerlo a lo grande. Para disfrutar más de la experiencia, en esta ocasión salimos de casa el viernes para dirigirnos a l’Espunyola (a algo más de 10 km de Berga), donde tendríamos nuestro cuartel general durante todo el fin de semana y donde nos esperaban Xavi con su familia y David.

Como es habitual, el sábado estuvo enfocado a prepararlo todo para el día siguiente. Rodaje suave con Xavi y David a primera hora de la mañana, darle un repaso a la bicicleta (falta le hacía), ir a recoger el material necesario a la expo, hacer el check-in en la T1… Todo sin problemas, sin complicaciones y, además, con tiempo de comer tranquilamente en casa y de hasta echarnos una siesta. Por la noche también cenamos pronto en familia y sobre las once a dormir.

El domingo, como es habitual los días de competición, tocó madrugar. A las 6 en pie para desayunar y poco después Xavi, David y yo solos (los acompañantes prefirieron quedarse en la cama un rato más) cogimos el coche para dirigirnos al Pantano de La Baells. A primera hora de la mañana hacía frío, unos 8ºC, que no me preocupaban para nadar pero sí al salir del agua y coger la bici empapado. En algún momento pensé que no me hubieran estorbado unos manguitos o un cortavientos, al menos para el primer rato en bici. El caso es que no me había cogido nada y la suerte ya estaba echada.


Minutos antes de las ocho ya teníamos los neoprenos puestos, habíamos hecho la foto de rigor y empezamos a bajar la rampa que nos llevaba al pantano. Un pantano algo más vacío que otros años pero que presentaba un aspecto impresionante como siempre. De camino al agua tuvimos hasta música en directo para amenizar la espera. La salida se daba desde el agua así que poco a poco nos fuimos metiendo. Como ya es habitual en Berga a primera hora de la mañana y en esas fechas, en el agua, a 22ºC, se estaba mucho más a gusto que fuera. Xavi, David y yo no nos colocamos nada bien. Empezamos de muy atrás y eso nunca es bueno, y más teniendo en cuenta que a pesar de no ser un gran nadador siempre suelo salir entre el primer 25% de triatletas. La consecuencia de ello fue una mala salida, con muchos golpes, con dificultades para encontrar mi espacio durante muchos minutos y la consiguiente pérdida de tiempo que eso supuso. Superados los primeros momentos de agobio empecé a sentirme cómodo en el agua. Estaba llegando casi al puente donde terminaba la primera recta y girábamos a la derecha cuando, de repente, noté que toqué tierra. No es que estuviera demasiado cerca de la orilla pero en aquella zona el pantano hacía una forma rara me puse de pie, con tan mala suerte que me rocé en el pie con una piedra afilada que me hizo un corte en la planta. Después de ese pequeño percance volví a buscar una zona buena para seguir nadando y en poco segundos me reenganché a la carrera. Al principio me molestaba el pie y pensé lo peor, pero a medida que fui notando que estaba nadando bien y ganando muchas posiciones, mi mente enfocó sus esfuerzos en otra cosa y dejó de pensar en el corte que me había hecho. Por lo demás, el resto del sector de natación fue cómodo y agradable, y terminé el primer sector en un tiempo oficial de 34’40” (parcial 213). No fue un gran tiempo, y quizás me hubiera ahorrado algo de no ser por la mala salida y lo del corte en el pie, pero lo di por bueno.


  
Teniendo en cuenta las transiciones lentas que suelo hacer habitualmente, en esta hice un esfuerzo para perder menos tiempo. Así, mientras corría hacia la bici me quité toda la parte de arriba del neopreno y el gorro y las gafas. Al llegar a mi sitio lo metí todo en la correspondiente bolsa, me sequé un poco con la toalla (por aquello de no coger más frío del necesario), me puse lo necesario para la bici (ya sabéis, dorsal, casco, gafas, calcetines y zapatillas) y salí. Creo que no perdí demasiado tiempo, pero no lo se exactamente ya que configuré mal el Garmin (puse “Transición” en lugar de “Triatlón”) y a partir de ahí perdí todas la referencias.

Me di cuenta de ese error a los pocos minutos de salir en bici. Vi que en la pantalla del reloj salía como si ya estuviera corriendo, con lo que el Garmin había interpretado que la natación había sido bici y ya estaba corriendo cuando en realidad empezaba a pedalear. Fallo mío al configurarlo mal desde el inicio. Como no me gusta ir sin referencias, a pesar de llevar el cuentakilómetros de la bici, paré el reloj y lo volví a iniciar como si fuera sólo un entreno de bici. Problema medio resuelto.

A diferencia de otras veces, en bici me sentí cómodo desde el primer momento. Hice los primeros kilómetros en subida con bastante fuerza, sabiendo que luego teníamos unos cuantos de bajada donde podría recuperar. Y creo que la cosa salió bien. Me conocía bien el circuito (a dos vueltas) así que pude jugar un poco con eso. Superada la primera subida desde la salida del pantano hasta Berga, empezaron unos cuantos kilómetros de bajada donde pude rodar acoplado y pedalear con fuerza aprovechando la inercia favorable. La verdad es que me sentí muy bien en esos primeros compases en bici y noté que estaba ganando muchas posiciones. A pesar de que a esa hora aún hacía algo de fresco e iba con los pies mojados y fríos, no lo pasé demasiado mal en ese aspecto y poco a poco me fueron entrando en calor sin mayores problemas. Hechos los primeros 20 kilómetros en bici el panorama empezó a cambiar como ya sabía. Se acabaron las bajadas y llegaba el momento de subir, una subida larga pero muy tendida que nos llevaría desde Puig-Reig hasta l’Espunyola (km. 33 más o menos) pasando por Caserres. Aquí varié un poco mi habitual forma de encarar las subidas. A diferencia de otras veces, opté por poner el plato pequeño y subir con una cadencia más alegre con la intención de ahorrarme algo de fuerzas para correr. Y creo que me salió bien. Realmente me encontré fuerte subiendo, lo que me sirvió para ganar varias posiciones. Además, la subida se me hizo muy amena y cuando me quise dar cuenta ya estaba en el cruce de l’Espunyola preparado para encarar el final de la primera vuelta, un tramo con algo de sube baja pero muy rápido en general.

Terminé la primera de las dos vueltas a una media aproximada de 32 km/h. Era más o menos lo que tenía en mente antes de empezar, por lo que lo di por bueno. Igual que al inicio, ahora tocaban unos cuantos buenos kilómetros favorables en los que me dediqué a seguir pedaleando con fuerza hasta que tocara subir. En líneas generales esta segunda vuelta fue muy parecida a la primera. Me seguí encontrando bien, bajé acoplado en la mayoría de tramos, opté por subir las zonas más complicadas con cadencia en lugar de tirar de fuerza y fui comiendo algo para no llegar vacío a la carrera a pie. No mucho, apenas una barrita y media y una pastilla de sales, además de agua e algo de isotónico.

Cuando llevaba algo menos de dos horas y cuarenta minutos pedaleando, llegué a Berga. Sólo me faltaba callejear un poco por dentro de la ciudad y la última subida por una calle abarrotada de gente animando que fue realmente espectacular. Al final de esa subida se encontraba la T2. Esos últimos metros subí con fuerza, me puse de pie en la bici y contagiado por la gente aún gané alguna que otra posición más antes de entrar en boxes.






La T2 fue muy rápida y no creo que tardara mucho más de un minuto en cambiarme las zapatillas y dejar el casco para ponerme la visera. Según la clasificación oficial, finalmente la bici me salió en un tiempo de 2h45’37”, lo que significó terminar el sector bici algo por encima de 32 km/h de media y conseguir el 101 mejor parcial.

Y ahora, tras una buena bici y con la moral alta, tocaba correr. Siempre es duro psicológicamente empezar a correr pensando que quedan 21 kilómetros por delante, pero intenté pensar lo menos posible. Empecé rápido, sintiéndome ligero y bastante bien de piernas y adelantando a muchos corredores, cosa que siempre da un plus de confianza. De todas formas, tampoco me quería pasar sabiendo que el recorrido era duro con constantes subidas y bajadas. Los primeros cinco kilómetros los pasé en poco más de 20’ y a un ritmo más o menos constante. A partir de ahí aflojé un poco y me fui adaptando un a lo que había, es decir, subiendo con algo más de calma para no desgastarme más de la cuenta pero dejándome llevar en las bajadas. Como decía, el recorrido no invitaba demasiado a correr a un ritmo constante y había kilómetros en los que se subían unos veinte metros y otros en los que los bajabas de golpe. Así, con esa montaña rusa, hubo kilómetros que pasé en 4’20” y otros que pasé en 3’50”. Me sentía bien y no estuve demasiado pendiente del ritmo.

Las dos primeras vueltas pasaron relativamente rápido y sin demasiado sobresalto. Fue quizás al inicio de la tercera cuando, además de empezarme a molestar la herida del pie, empecé a perder algo de fuelle respecto a las dos anteriores. No fue mucho, apenas 10” o 15” en los kilómetros de subida respecto a las vueltas anteriores y algo menos en los kilómetros más favorables, así que nada como para preocuparse. Mi idea inicial era poder acabar a un ritmo cercano a 4’15”/km y eso lo estaba consiguiendo. Había ido prácticamente todo el rato por debajo de ese ritmo y en los kilómetros finales se me estaba yendo un poco. Como había configurado mal el Garmin desde el inicio, no sabía el tiempo total que llevaba, así que cuando pasé por la zona de boxes por tercera vez y ya sólo me quedaba aproximadamente un kilómetros para terminar, miré que hora era. Me pareció ver que el reloj marcaba las 12:42, con lo que lo tenía todo encarado para conseguir un gran resultado. Intenté mantener un buen ritmo en esos metros finales hasta llegar a la alfombra que marcaba el camino de entrada a meta. Allí estaban Arancha e Iker, al que cogí de la mano para entrar juntos a meta caminando y con una sonrisa en la boca. Un nuevo final de carrera para enmarcar y un resultado más que positivo para mí, que paré el crono en 4h46’42”, finalizando el 64º (17º en mi grupo de edad) clasificado de la general entre los 517 triatletas que llegaron a meta (resultados). En el sector de carrera a pie, al final hice 1h26’25” que me sirvieron para marcar el 24º mejor parcial absoluto de la prueba, algo para estar más que satisfecho y para mantenerme con ganas de seguir trabajando para mejorar.




 


Poco más que decir sobre mi carrera. Sólo añadir que, un año más, disfruté muchísimo de este triatlón de principio a fin. El entorno es espectacular, los recorridos prácticamente inmejorables y la organización, de diez. Puede que tras tantos años de “romance” con Berga ya no sea objetivo, no lo sé, pero lo veo así.

Para terminar, también quería dar la enhorabuena a David por el gran resultado de su primer half (5h21’12”) y al ya “veterano” Xavi (5h45’41”) que, siendo aún sub23, completó su sexto triatlón de media distancia. Sin duda, fue un fin de semana para recordar en el que todo salió perfecto. Ahora a pensar en próximos retos!


Espero que os haya gustado la crónica y las fotos hechas por los fotógrafos oficiales y Laia y Arancha. Entre todos ha quedado un buen reportaje. Sobre el Garmin no os puedo dejar los resultados porque todo quedó un poco disperso y no hay un único detalle de la carrera. Espero que no me vuelva a pasar!

Con este triatlón despedí la temporada y estuve un par de semanas entrenando muy poco y otra entera de descanso. Este lunes pasado volví a los entrenamientos para empezar una temporada que puede ser espectacular. En unos días os hablaré de todas las novedades, de como ha empezado la temporada y de lo que me espera en los próximos meses. Gracias por estar ahí!

viernes, 9 de septiembre de 2016

Crónica Triatló Internacional de Balaguer

Como la mayoría de vosotros ya sabéis, el pasado sábado 27 de agosto participé, un año más, en el Triatló Internacional de Balaguer, una de las pruebas de media distancia más duras que hay dentro del panorama nacional si atendemos a los recorridos de la misma y a la época del año y el lugar donde en la que se disputa. Además, y por si fuera poco, esta edición iba a dar comienzo a una hora algo extraña, las doce del mediodía, con lo que íbamos a estar compitiendo durante las horas más calurosas del día.

Con este cambio de horario (en años anteriores empezamos a las tres de la tarde) y teniendo en cuenta que el día de la carrera lo menos aconsejable es ir con prisas y con el tiempo pegado, decidimos irnos el viernes a Balaguer y pasar la noche allí. Fue una buena decisión ya que el sábado pudimos tomárnoslo todo con mucha calma. No tuve que madrugar, desayuné sin prisas y tanto la T2 (en Balaguer) como la T1 (en el pantano de Sant Llorenç de Montgai) me quedaron muy a mano.

Poco después de terminar de desayunar, llegaron a Balaguer Xavi y su familia y juntos fuimos a dejar las cosas necesarias para correr en la T2. A continuación, nos fuimos hacia el pantano donde estaba situada la T1 a terminar de preparar los últimos detalles. Eran más o menos las once de la mañana y el calor ya estaba apretando de lo lindo. Las previsiones se estaban cumpliendo y tocaría competir a una temperatura cercana a los 35ºC. Era lo previsto y muy parecido a lo que pasó el año pasado, aunque esta vez con el añadido de que la carrera empezaba tres horas antes por lo que, si se cumplía la lógica, iba a empezar a correr a una hora malísima. De todas formas, todo esto ya lo sabía e iba mentalizado para ello. Era la tercera vez que iba a Balaguer y teniendo en cuenta la “carnicería” del año pasado, donde abandonaron alrededor de un 20% de participantes, no se podía esperar otra cosa. Simplemente habría que adaptarse a las condiciones, hidratarse correctamente y dosificar esfuerzos.

Cuando se fue acercando la hora de salida, Xavi y yo nos pusimos el neopreno y nos despedimos de los nuestros. El recorrido era el mismo que el año pasado, a dos vueltas y algo más largo de 1.900 metros. No éramos muchos participantes, máximo unos 180, por lo que en teoría la natación tampoco tendría que ser demasiado complicada en cuanto a golpes. Salimos desde el agua y a las doce, puntualmente, se dio el tiro de salida. Al no haber calentado, para variar, las primeras brazadas fueron algo más suaves, sin volverme loco e intentando encontrar una buena cadencia de braceo. Me costó un poco al principio pero en pocos minutos empecé a sentirme algo más cómodo. Los primeros metros los nadé junto a Xavi aunque enseguida nos perdimos de vista. En general me sentí muy bien en el agua. Como siempre fui conservador, centrándome en aprovechar bien las brazadas y en no llevar demasiada mala técnica. La primera vuelta la terminé en unos dieciséis minutos y medio, cosa que me animó. A diferencia de otras veces, la segunda vuelta se me hizo algo más corta, no sé si porque hice varios intentos de coger pies y eso me mantuvo entretenido. El caso es que a pesar de ir un pelín más lento (creo), se me pasó volando y salí del agua en poco más de 34 minutos (34’51” hasta que pasé por la alfombra), haciendo el parcial 53º.



En la T1 no fui rápido, vamos, como siempre. Lo peor de todo es que no tengo esa sensación de ir tan lento ni de perder tiempo en tonterías. Hago lo mínimo pero lo debo hacer mucho más lento que el resto. No sé si empezar a entrenarlo en serio o dejarlo por imposible. En total tardé unos cuatro minutos y debí perder unas diez posiciones más o menos, aunque enseguida estuve encima de la bici. Y ahí tampoco empecé bien. Me costó arrancar a pesar de hacer los primeros kilómetros de bajada. No notaba las piernas todo lo ágiles que me gustaría pero decidí no impacientarme y darme tiempo con la esperanza de que poco a poco todo se pusiera en su sitio. El circuito de bici este año era nuevo y constaba de tres puertos, el primero de ellos sí que coincidía con el de ediciones pasadas, aunque no llegábamos a Àger y dábamos la vuelta un poco antes de Vilanova de la Sal. El otro puerto, que hacíamos dos veces (una del derecho y otra del revés) consistía en subir hasta pasado Fontllonga, dirección Tremp, pasando por Camarasa. El primer puerto se me pasó rápido a pesar del calor y de ir todo el rato con sensación de sed. Superado ese primer escollo empecé a notar las piernas algo mejor. Lo bueno de este cambio de recorrido es que bajando del primer puerto y antes de comenzar el segundo, volvíamos a pasar por el pantano donde habíamos nadado y donde se quedaron todos los acompañantes para vernos pasar en bici. Cuando pasé por ahí vi a Arancha y a Iker, y a la familia de Xavi. Les saludé, me puse “guapo” para la foto, y seguí mi camino. 

Hasta Camarasa la carretera no estaba demasiado fina, aunque por suerte no tuve ningún susto en forma de pinchazo. A partir de ahí, empezaron interminables subidas y carreteras muy anchas sin nada de sombra que se hicieron durísimas. Pero bueno, por llevar la contraria al resto, cuando vi que todo el mundo empezaba a pasarlo mal y a tener que bajar el ritmo, yo me fui yendo arriba y empecé a encontrarme más suelto. Subí la primera vez hasta Fontllonga con un pedaleo bastante ágil, ganando alguna posición que esta vez no perdí bajando. Pero mi mejor momento sobre la bici llegó al dar la vuelta y volver a encarar la (última) subida a Fontllonga por el lado donde pocos minutos antes habíamos bajado. Me sentía bien y empecé a pedalear con fuerza todo el tramo de subida, hasta que en un momento miré hacia atrás y me vi completamente solo. Eso me animó y me dio por pensar que no lo estaría haciendo tan mal. Al terminar la subida y llegar al último avituallamiento cogí isotónico (falta me hacía) y un trozo de plátano para encarar lo que me quedaba de tramo ciclista.

Llevaba unos 60 kilómetros y lo difícil (en teoría) ya estaba superado. Ahora tocaba encarar los últimos 25 kilómetros donde me encontraría algún que otro tobogán pero que en su mayoría eran de bajada. De ahí hasta el final fui en la más absoluta soledad. Sólo a falta de siete u ocho kilómetros alcancé a otro triatleta que no llevaba demasiada buena cara. El tramo ciclista había sido realmente duro (aunque creo que con algo menos de desnivel que en ediciones anteriores) y ahora tocaba encarar la carrera a pie, que sería la encargada castigar a quien se había pasado de vueltas en la bici. Mi tiempo total de T1 más bici fue de 3h03’00”, marcando el parcial 47º.
 



Si os soy sincero, me bajé de la bici sin demasiadas ganas de correr. A pesar de ser mi parte preferida y a la que normalmente llego con más hambre, en Balaguer no fue el caso. Eran las cuatro menos veinte de la tarde y hacía un calor increíble. Balaguer a aquella hora era un auténtico horno y desde el primer momento tuve claro que iba a ser una carrera a pie de superviviencia, que no era día para forzar más de la cuenta y que lo mejor era olvidarse de ritmos y otras historias. Así, con esa desgana (y ese calor) empecé a correr por la orilla del río Segre en un recorrido a tres vueltas parecido al de otros años pero con alguna pequeña modificación. También se ha de decir que el circuito no era especialmente rápido, había muchos giros, tramos de piedras sueltas, césped con algo de barro, escaleras… que lo hacían entretenido pero no invitaba a poder llevar un ritmo constante ni alto. A pesar de todo, creo que me defendí bastante bien y corrí a ritmos medianamente decentes muchos kilómetros, aunque también es verdad que paré en cada avituallamiento con manguera para darme una ducha express y eso me hizo perder más tiempo de lo habitual. Perdí tiempo pero valió la pena. Llegar a esos avituallamientos era como encontrar agua en mitad del desierto y de las pocas cosas que te medio consolaban ante la que estaba cayendo.

Cuando me disponía a empezar la tercera vuelta vi llegar a Xavi a la T2. Había pinchado en bici y la cosa se le había alargado un poco. Lo menos malo para él es que empezaría a correr con algo menos de calor. Personalmente, la tercera vuelta fue la menos dura psicológicamente hablando. A falta de seis kilómetros y pico para el final empecé a ver que eso ya estaba hecho y sólo faltaba rematarlo. Sin haber hecho la carrera de mi vida estaba satisfecho por haber sobrevivido de nuevo a este duro triatlón y estaba prácticamente convencido que el resultado de este año iba a ser algo mejor que el del año pasado. De ahí hasta el final seguí corriendo con cabeza, sin forzar, sin correr riesgos innecesarios y deseando llegar a los metros finales para compartir mi llegada a meta con Iker.






 
Y así fue. Cuando llegué a los alrededores del pabellón municipal (la meta este año estaba dentro del recinto) vi a Arancha con Iker y le cogí de la mano. Aún faltaban bastantes metros para llegar a meta pero para que le diera tiempo a Arancha a llegar para hacernos la foto compartí bastantes metros con él caminando. Daba igual el tiempo o las posiciones que perdiera, era un momento bonito y quería compartirlo con él. No sé que le pasará por la cabeza pero es curioso como mira a la gente que aplaude y que anima cuando estamos a punto de terminar la carrera. Así, de esa manera, disfruté de los últimos instantes de carrera con Iker y juntos cruzamos el arco de meta en un tiempo final de 5h14’17” (1h36’26” de carrera a pie, marcando el 25º mejor parcial), terminando en la 34ª posición (resultados).

En líneas generales terminé contento pero esperaba haberlo hecho algo mejor en la carrera a pie. De todas formas, Balaguer no tiene mucho que ver con la mayoría de triatlones y las condiciones que nos solemos encontrar allí cada año son realmente duras. Como muestra, los más de 20 triatletas que abandonaron la prueba. Poco más que añadir. Xavi volvió a demostrar, igual que el año pasado, que a pesar de su juventud y de no llegar en plena forma a la carrera, tuvo el coraje de terminar a toda costa y finalizó su carrera en 7h38’45”. Enhorabuena! Ahora a por Berga. Seguro que saldrá mejor.



Y por último, antes de terminar y dejaros los resultados del Garmin, quiero dar las gracias a los supporters que nos ayudaron y acompañaron a lo largo del día: Lidia, Laia, Ivet, Javi, Arancha e Iker. Un placer teneros cerca. Así todo es más fácil y más agradable.

Ahora sí, no me enrollo más. Os dejo aquí los resultados del Garmin. Salen dos minutos menos porque en la T1, cuando estaba quitándome el neopreno, apreté sin querer el botón del reloj y se me quedó parado hasta que salí en bici. Por lo demás, todo coincide bastante bien. Ahora ya toca pensar en Berga, donde cerraré la temporada de triatlón y empezaremos a pensar en lo que se nos viene encima en los próximos meses.

jueves, 11 de agosto de 2016

Crónica 39ª Cursa de l'Espluga de Francolí

Tras dos años de ausencia (2014 y 2015), el pasado 30 de julio volví a participar en una de las carreras clásicas de cada verano, la de l’Espluga de Francolí (15K). Como muchos ya sabéis porque lo habéis sufrido en vuestras carnes, es una carrera complicada tanto por el calor que siempre suele hacer allí como por su recorrido, con unos primeros kilómetros de subida muy exigentes. Para este año tenía entre ceja y ceja bajar de la hora. Mi mejor marca hasta la fecha la conseguí en 2013 y por aquel entonces paré el crono en algo más de una hora y un minuto. Sabía que el objetivo no era fácil pero tenía esa idea en la cabeza.

A diferencia de otros años, en los que llegábamos con mucho tiempo, esta vez Arancha, Iker y yo llegamos a l’Espluga más bien justos. La carrera empezaba a las siete y hasta unos veinticinco minutos antes de dar la salida no llegamos allí. Tuve el tiempo justo para recoger el dorsal, ir a dejar la mochila en el guardarropa e irme a colocar en la salida. Allí enseguida me encontré con Carles y pensé que sería una buena referencia ir con él o, por lo menos, tenerle lo más cerca posible. Si tenía dudas sobre mí, sobre él no tenía ninguna y sabía que bajaría de la hora con algo de margen. De hecho, estaba prácticamente seguro que, salvo sorpresa, haría mejor tiempo él que yo.

A las siete, según lo previsto, dio comienzo la carrera. Es una carrera de las importantes, con bastante gente pero, sobre todo, con mucho nivel. Como no nos pudimos colocar en primera línea de salida, decidimos empezar bastante fuertes para hacernos un hueco lo más pronto posible. Quizás nos pasamos (aunque los primeros metros fueron de bajada), pero el primer kilómetro por dentro del pueblo salió a 3’24”. Tras ese primer kilómetro de “calentamiento” empezaba lo realmente duro. Teníamos por delante ocho kilómetros seguidos de subida constante con tramos realmente duros y mucho calor. El segundo y el tercer kilómetro aún conseguí pasarlos por debajo de 4’/km pero las sensaciones no eran buenas. Me notaba falto de chispa. Carles poco a poco me fue ganando metros y aunque no lo perdí de vista en ningún momento preferí no forzar. No iba nada cómodo y estaba sufriendo más de lo esperado, así que no era el momento de hacer locuras y preferí centrarme en mi carrera. Los kilómetros 4 y 6 fueron especialmente duros, con unos 30 metros de subida cada uno. Hasta ese momento los kilómetros más lentos habían sido alrededor de 4’20”/km pero en el sexto la cosa se me disparó hasta 4’35”. No suelo tener según que tentaciones compitiendo pero en esta ocasión se me pasó por la cabeza parar a caminar y/o aflojar mucho el ritmo. Por si no ha quedado claro, estaba sufriendo mucho y ni las piernas ni la cabeza funcionaban como esperaba.

Durante esos kilómetros de subida, donde me costó mucho mantenerme en ritmos medianamente decentes, aproveché para recapacitar un poco y ser consciente de que lo raro hubiera sido ir cómodo y disfrutar. Y no lo digo como excusa, sino como la realidad. Desde el Ironman de Niza no estoy entrenando del todo bien. Han influido muchos factores como las semanas de vacaciones, la ganas de descansar, de tomarme los entrenamientos de forma menos seria, de saltarme más sesiones de la cuenta… El resultado es que llevo desde mediados de junio entrenando a medio gas, siendo benevolentes. Me he acomodado (consciente y temporalmente) un poco y se nota. Aquí nadie te regala nada.

A pesar de estar corriendo con esos pensamientos negativo/realistas, conforme se fue acercando el giro y, por consiguiente, los kilómetros de bajada, empecé a ver las cosas de otra manera. Salió mi vena más positiva. Miré mi Garmin y el ritmo medio que llevaba no era para nada malo y lo de bajar de la hora era más que factible si hacía unos buenos kilómetros finales. Antes de terminar el kilómetro nueve llegó el giro y, de la misma forma que otros años cuando llegaba a este punto tenía la sensación de haber terminado  ya la carrera, este año no fue así. En ese momento decidí que, ya puestos, por mucha bajada que hubiese iba a intentar mantener ese nivel de sufrimiento y de exigencia que había aguantado durante la subida. Quería comprobar hasta donde me acompañaban las piernas.

Aquí empezaba, por llamarlo de alguna manera, la segunda parte de esta dura carrera. En esta ocasión no me valía simplemente con dejarme llevar por el terreno favorable, quería seguir apretando y seguir sufriendo como lo había hecho durante la subida y correr muy rápido. Para mi sorpresa, al poco de empezar a bajar, noté que o Carles estaba aflojando o que yo lo estaba haciendo realmente bien. Fui recortando distancias poco a poco hasta llegar a adelantarle a él y a otro corredor más. Pasé el kilómetro diez a 3’41” y el once algo más lento, en 3’53”, ya que hubo un pequeño tramo de sube-baja. Pasado esto ya sí, por delante cuatro kilómetros de fuerte bajada donde habría que echar el resto hasta meta.

Como ya he dicho antes, en esta ocasión los kilómetros con desnivel negativo no me los tomé como un regalo como otras veces. Durante la bajada mantuve una intensidad muy alta y, para ser sinceros, se me hicieron muy largos. Estaba deseando llegar a meta y terminar con esa agonía más que nunca. La parte positiva es que bastante antes de terminar, ya era consciente de que iba a cumplir con el objetivo con cierto margen. Aún así, no me relajé. Esos metros finales los corrí con la sensación de estar haciendo una de las mejores carreras de mi vida, y eso que al principio me había estado lamentando por llevar unas semanas sin entrenar como debía y por no poder correr todo lo rápido y cómodo que me hubiese gustado

Finalmente paré el crono en un tiempo de 58’48”, haciendo esos últimos cuatro kilómetros a un ritmo medio cercano a 3’30”/km y terminando en una gran 29ª posición (19ª de mi categoría) de 431 llegados a meta (resultados), que teniendo en cuenta el nivel que había es como para estar muy satisfecho. Como ya he dicho, creo que esta 39ª edición de la Cursa de l’Espluga pasará a ser una de las mejores carreras que he hecho nunca. Supe sufrir en todo momento y no perder la calma cuando las cosas no iban del todo bien. En definitiva, puedo decir que hice una carrera de la que terminé orgulloso al margen de que llegara en un estado de forma mejor o peor.

Por su parte, Carles llegó poco después que yo (59’31”), logrando el segundo puesto de su categoría (sub 23). No me cansaré de decirlo, este chico si sigue así dará mucho que hablar en poco tiempo. Y en cuanto a mis compañeros y amigos del equipo, a los que no vi antes de empezar, todos muy bien: David 1h04’00”, Aleix 1h09’21”, Jordi 1h12’27”, Pep 1h15’46” y Eva 1h19’02”. Al final pudimos hacer foto de equipo.

Poco más que decir. A la espera de que se publiquen todas las fotos de la carrera, de momento os dejo unas pocas y aquí los detalles de la carrera del Garmin. Ahora ya toca pensar en los siguientes compromisos: Triatló Internacional de Balaguer (27/08) y Sailfish Berga (18/09). 



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